«El Hotel de Tredòs es la propuesta familiar más redonda para alojarse en el Valle de Arán.»

Jaime Tormo lo tenía muy claro. Después de tantos años esquiando en Baqueira-Beret, la idea de abrir un hotelito familiar próximo a esta estación del Pirineo catalán se había convertido para él en una maravillosa obsesión. Con más ganas que ayudas, y sin otros alardes que el cultivo del buen gusto, consiguió levantar una mansión aranesa de piedra y pizarra honestamente integrada en el valle.

Ahora todos admiran su arquitectura al pasar por la carretera, colgada de una ladera, barnizada de noche por el amarillo halógeno de los focos. A través de sus grandes ventanales se percibe la atmósfera hogareña con que el propietario y su familia abrigan a los huéspedes. El salón principal ofrece lo más importante en cualquier hotel de montaña: una chimenea encendida para disfrutar con los amigos.

Sin otros alardes que el cultivo del buen gusto, consiguió levantar una mansión aranesa de piedra y pizarra honestamente integrada en el valle.

El afán de Jaime Tormo por mejorar su establecimiento no conoce límites. Hace un tiempo acometió unas costosísimas obras de climatización en los accesos, peligrosamente resbaladizos durante casi todo el invierno. Más de tres mil metros de serpentín con agua caliente bajo el pavimento mantienen ahora limpia de hielo y nieve la rampa.

Luego vinieron la apertura de dos lujosas suites abuhardilladas. Para la próxima temporada, el proyecto es el traslado del aparcamiento a la zona trasera, donde no entorpezcan el paso los vehículos. Y también la horadación de una piscina exterior y otra climatizada con sala de saunas, hidromasajes y centro de salud, a semejanza de lo que ofrecen los más importantes hoteles europeos de montaña.

Con vistas al valle

A través de sus grandes ventanales se percibe la atmósfera hogareña con que el propietario y su familia abrigan a los huéspedes.

La acogida al recién llegado, con el equipaje y sus bártulos de esquí al hombro, es obsequiosa y diligente en todo momento. No hay lugar para los trámites engorrosos ni más esperas que las provocadas por el suelo de pizarra y madera ribeteada, digno de admirar con embobamiento. La calefacción funciona a tope en todos los rincones. ¡Qué agradable mientras cae una copiosa nevada sobre el valle!

Las habitaciones, dotadas en su mayoría con amplias terrazas, se iluminan de forma elegante y equilibrada. Por su ambientación y anchura de camas, nos parecen suficientemente acogedoras.

Un entorno natural privilegiado

Desde Vielha hasta la estación de Baqueira-Beret existen numerosos pueblecitos con sabor donde disfrutar de un excelente apresquí: Betrén, Escunhau, Casarill, Garòs, Gessa, Salardú y Tredòs, a lo largo de 13 kilómetros de carretera llena de curvas. Más allá, en la otra vertiente del puerto de la Bonaigua, el descenso hacia Valencia d'Aneu proporciona espectaculares vistas y peligrosos barrancos. El paso puede estar cortado ciertos días en invierno.


(Hoteles con encanto de España, Fernando Gallardo, Aguilar de S.A. de Ediciones, 1997.)